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CABLES USB 

Una delgada línea para los datos USB

Los cables son el sistema de transporte básico de los datos y de la energía con las que opera un dispositivo USB. Sin embargo, explicarlo así, en esos términos, resulta muy simple, porque la importancia del cable en la solución que aporta un USB va mucho más allá.

Si no es la importancia de la talla de los chips y las conexiones que contiene, sí lo es de la que se deriva garantizar, por un lado la seguridad del mismo equipo, la de proporcionar toda la vida útil que señala su diseño, como la de entregar el flujo de datos que lo hace útil para la finalidad en la que se emplea.

Y no todos los cables son iguales. Así, los que se emplean en los USB de las primeras series, los 1.1 y 2.0, eran y son, trenzados, no por capricho, sino por reducir el riesgo de ruido y de interferencias no deseadas que pudieran afectar al rendimiento de los dispositivos bajo cualquiera de las condiciones de uso consideradas.

 

Si los cables de los USB 1.1. y los de los USB 2.0 siguen una disposición entrelazada, a los de los USB 3.0 tal configuración no les es suficiente. Su estructuración entrelazada les haría correr un riesgo de interferencia mayor en los sistemas anejos, porque mientras los primeros operan con intensidades que raramente superan los 100 miliamperios, los USB 3.0 lo hacen en regímenes que se acercan a los 1.000.

Para contrarrestar las interferencias, los USB 3.0 están blindados, o para ser más exactos, aislados en proporción a la intensidad con la que operan. Hay que recordar que en un USB 3.0 hay más cables, en concreto, cinco, dos para la entrada de datos, dos para la salida, una para la necesaria toma de tierra y otro para mantener los niveles de energía con los que funciona el mismo dispositivo.

Además, los cables de un USB 3.0 son más gruesos, más rígidos, como los que podemos encontrar en las entradas y salidas de los modems de sobremesa. Un detalle más de su diseño que nos habla de la necesidad de aislamiento del cableado de serie.

 

La longitud máxima de un cable USB del tipo standard para los de las versiones 2.0 y anteriores es de cinco metros. La medida máxima no es un capricho de la ergonomía, se trata de una condición técnica que guarda relación con el tiempo máximo que debe tardar un proceso de transferencia de datos con salida y con llegada al mismo dispositivo, 1.500 nanosegundos, para cinco metros.

Un cable USB 2.0 standard sólo se valida por las certificaciones técnicas oficiales cuando no supera retrasos en la transferencias de datos para toda su longitud de 26 nanosegundos y, para cada metro de conexión de cable de cobre, sólo 5,2 nanosegundos. Y es que el impulso sobre el cable del USB 2.0 viaja a la increíble velocidad de 192.000 kilómetros por segundo.

En el caso de los cables de los USB 3.0, no hay una limitación de longitud, tan sólo se requiere que cumplan con las normas de seguridad eléctricas, aunque parece existir una norma de standarización no escrita entre los fabricantes de que ningún cable de cobre supere los tres metros de longitud.



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